Samuel aguilera (1)

Para el abogado y Doctor en derecho público, José Samuel Aguilera Vázquez, la historia que fundó al Estado y que dio vida a la Constitución Política de México de 1917, está plagada de analogías: rebeliones, reformas, crisis y una etapa del neoliberalismo que pudiera estar en su fase final.
Claudia Ramos/Revista Radar 

Radar: A cien años de su promulgación ¿qué opinión le merece la Constitución Mexicana y las modificaciones que ha sufrido al paso de la historia?

Samuel Aguilera: Primero es necesario entender que la constitución viene como consecuencia y resultado de un acto de constitución del Estado que no existía porque éramos una colonia española.

El primer documento que se dio fue con generalísimo José María Morelos y Pavón -que por cierto era mulato casi negro- quien elaboró los Sentimientos de la Nación, documento con el que se abolió la esclavitud y se estableció la igualdad ante la ley.

Diez años después, en 1824 tras la caída de Agustín de Iturbide se formuló el segundo documento, le siguieron el de 1836, 1848 y 1857 con las Leyes de Reforma promovidas por Benito Juárez y se estableció un gobierno laico separado de la iglesia, pero al mismo tiempo un gobierno que creía en el capitalismo el cual se consolidó con Porfirio Díaz.

Este gobierno (el de Porfirio Díaz) que generó bastante bienestar -por ejemplo: estableció el sistema ferroviario, toda la infraestructura de telégrafos y teléfonos e industria fabril-, generó también sus contradicciones.

Un ejército de gente muy oprimida, un peonaje relegado con cosas absurdas como el derecho de pernada y esto generó la rebelión de 1910 que comenzó como un juego, con una convocatoria de alguien que no creía y que terminó finalmente con una revuelta con muchísimos seres humanos muertos y una reunión en Querétaro entre los grupos que estaban en combate y firmaron un acuerdo: la Constitución de 1917.

Pero en términos estrictamente jurídicos la constitución de 1917 no es una constitución, es una reforma a la constitución existente basada en las innovaciones agrarias porque se da el reparto agrario, se reconoce el ejido y se da el acotamiento a la propiedad privada; se reconocen los derechos laborales de los obreros y el derecho a la educación en un sistema laico y gratuito.

Esta reforma mantuvo al país más o menos estable pero en los últimos años, a partir de que llegó el sistema económico y la visión neoliberal, tuvieron que acomodar la Constitución para que sirviera a los negocios transnacionales; y todas las reformas que ha habido, que se les llama estructurales, van encaminadas a que el viejo sistema de bienestar social se adapte y se adopte para el sistema neoliberal del capitalismo.

 

Radar: ¿Se repite la etapa porfirista?

Samuel Aguilera: A mi juicio como jurista, sí; y guardadas las diferencias, las analogías son bastante parecidas.

En aquel entonces hablábamos de tecnología de punta de lanza como el telégrafo, el teléfono y los barcos de vapor, y hoy hablamos de las telecomunicaciones; antes se hablaba de adueñarse de minas, hoy también se habla de adueñarse de minas; antes de espacios de bosques hoy de adueñarse del agua; si la analogía es muy válida.

Radar: ¿Estas reformas están a punto de llegar a su etapa final?

Samuel Aguilera: Pareciera que sí; nos han querido mostrar que las constituciones son como una cosa sagrada que baja del cielo y que unos seres angelicales se ponen de acuerdo para bienestar de todos, esto sociológicamente es una mentira.

Todas las reformas constitucionales son un espacio de negociación y un resultado de negociaciones políticas en donde en el fondo hay intereses económicos; la cámara de diputados y senadores son espacios de acción política y han sido construidos en su funcionamiento ciertamente para que cumplan ciertas reglas de discusión, la idea que se nos ha vendido es que representan al pueblo. La verdad es que representan a los intereses de ciertas personas y normalmente los intereses que prevalecen en los sistemas sociales son las ideas y los intereses de las personas que tienen el poder.Samuel aguilera (2)

Radar: Desde esa perspectiva ¿qué tan importante es el Sistema Nacional Anticorrupción?

Samuel Aguilera: Surge como han surgido muchas reformas que parecen necesidades del pueblo. Recordemos que la reforma indígena parecía una necesidad del pueblo y se inicia con la revolución zapatista pero los indígenas nunca impulsaron la reforma constitucional, les llegó como regalote; a los afrodescendientes, les llegó la reforma constitucional en Oaxaca sin que siquiera lo pidieran en el 20001 con Diódoro Carrasco.

Así el Sistema Nacional Anticorrupción, llega como una orden de las instancias internacionales como el Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial que se dieron cuenta que el dinero que habían destinado para que se hiciera infraestructura en el país, estaba totalmente inflada. Así una obra que costaba 10 pesos en realidad vale 4 y los 6 pesos se reparten mientras que esos 4 pesos se van diluyendo de modo que la obra cuando la vienes a evaluar vale 50 centavos.

Esta cuestión que se hizo notoria los obligó a exigir el Sistema Nacional Anticorrupción y no es gratuito que las cámaras empresariales sean las que impulsen el sistema, cuando paradójicamente Transparencia Internacional coloca a los empresarios como las personas más corruptas del Estado mexicano.

Radar: ¿Es necesario que se vuelva a constituir el estado para que se atiendan las necesidades de la población?

Samuel Aguilera: Lo peligroso es que ocurran crisis que cada vez sean más incontrolables; por ejemplo la crisis que se vivió hace unos días fue controlada a través de los XV de Rubí, la del gasolinazo con el muro de Trump.

Pero en el fondo ya empezamos a observar cosas como saqueos, dirigidos o no, ahí están. Tenemos una sociedad muy compleja, donde la violencia es el factor común. La propuesta de Trump de construir un muro trae un trasfondo de seguridad nacional: se trata de construir un muro porque los Estados Unidos está viendo cosas peligrosas si no se controla a este Estado; la gente está llegando a la gran molestia y se observó a través de las redes sociales donde proponían que se fueran a la casas de los diputados y senadores a quemarles sus propiedades, muy parecido a lo que ocurrió en 1910 y 1810.

Además está la idea en la cabeza de la gente, que cada cien años hay que hacer algo crítico; el Estado tiene muchos recursos para controlar esto militar e ideológicamente, pero la llamita está latente, entonces al Estado desde el poder no le queda más que reformarse o morir  porque parece muy peligrosa la idea para sostener un estado de corrupción.

Yo creo que es necesario leer la Constitución, comprendo que la gente no le ve sentido a leerla cuando en los hechos se viola todos los días y cuando los aparatos legales son tan complejos, tan cientos y miles de leyes, de autoridades, de oficinas, de instancias de tribunales, que no sabes a dónde acudir.

Finalmente yo creo que en Tuxtepec, hoy más que nunca, las contralorías internas de todos los organismos tienen que estar a los ojos de la sociedad e informar qué están haciendo para combatir la corrupción y la impunidad, cuál es el estado patrimonial de las declaraciones de los funcionarios, cuáles son sus conflictos de intereses, cuáles son los procesos de acumulación de riqueza y que lo pongan ante los ojos de la gente.

Comentarios